Ludus Adonis domina a Maxine X con su polla negra monstruosa
Ludus Adonis estaba listo para darle una lección a Maxine X, su polla negra brillando bajo la luz tenue de la habitación prestada. Ella, con sus tetas enormes rebotando, se arrodilló primero para chupar esa verga gruesa, tragando hasta que las lágrimas le corrieron por las mejillas. Pero no podían perder tiempo: en cualquier momento alguien podía entrar, el marido de Maxine X estaba en la casa, y los gemidos ahogados se mezclaban con el sonido de la saliva. Él la empotró contra la pared, sus nalgas chasqueando con cada embestida, y ella mordió la almohada para no gritar. La mojadísima conchita de Maxine X se ajustaba perfecto a esa polla enorme, y cuando él la volteó para cogerla en perrito, las tetas le colgaban como dos globos pesados. Ella se agarraba las caderas, empujando hacia atrás para sentirlo más adentro, hasta que él le agarró el pelo y le llenó la boca con su leche espesa. Maxine X tragó rápido, pero algo se le escapó por la comisura, y Ludus Adonis sonrió al verla así, toda sucia y satisfecha.