Rubia de tetas enormes se deja revisar el coño en consulta
La rubia de tetas gigantes entró con paso seguro pero con las mejillas rojas como tomate, mirando al médico con esos ojos verdes que prometían pecado mientras se mordía el labio inferior. Él, con sus guantes de látex crujiendo al ajustárselos, le indicó que se quitara la falda ajustada y se subiera a la camilla, ordenándole que abriera bien las piernas para empezar el examen. Ella obedeció sin chistar, mostrando un coño depilado y rosado que ya chorreaba jugos de anticipación, mientras sus tetas enormes se movían al ritmo de su respiración agitada. El doctor, con voz ronca de tanto aguantarse, le ordenó que se tocara los pezones duros mientras le introducía dos dedos en el coño empapado, haciendo que gimiera fuerte y se arqueara contra la mesa. La sensación de aquellos dedos invadiendo su interior la volvió loca, y cuando él añadió un tercero estirando su entrada con un sonido húmedo, ella gritó que no aguantaba más y le suplicó que la penetrara ya. El médico, disfrutando su sumisión, se bajó los pantalones dejando al aire una polla gruesa y palpitante, empotrándola de golpe contra su culo mientras le agarraba las tetas como si fueran melones a punto de reventar. Ella no pudo evitar correrse al instante, empapando los dedos que aún le hurgaban el coño, mientras el lubricante natural resbalaba por sus muslos temblorosos y su piel se erizaba con cada embestida brutal. Los gemidos se volvieron incontrolables, mezclándose con los ruidos de carne contra carne y el crujido de los guantes al apretarle los pechos con fuerza, hasta que él, con un gruñido animal, le disparó su leche caliente bien dentro del coño abierto, dejando marcas blancas en sus muslos pálidos que ella se encargó de esparcir con los dedos antes de que el médico terminara de limpiarse.