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Llevo a una rubia de 18 a mi casa y me la chupó camino

11:38 1080P 1 Mamadas
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Estúdio Xdemarco

El cuerpo de la rubia temblaba pegado al mío en el coche, su tanga blanco se le marcaba cada vez que frenaba y la luz del semáforo le iluminaba los pezones duros como piedras bajo la blusa ajustada. Cuando llegamos a mi departamento, ni siquiera esperó a que cerrara la puerta: se abalanzó sobre mí, me agarró la polla por encima del pantalón y empezó a masajearla con gemidos ahogados en mi boca, su lengua caliente y húmeda recorriendo mis labios como si buscara el sabor exacto de mi corrida. La empujé contra la pared del recibidor, le bajé el pantalón vaquero hasta las rodillas y su coño rosado y empapado quedó al descubierto, los labios brillantes de sus jugos mientras se frotaba contra mi muslo con desesperación. Me arrodillé frente a ella, hundí la cara entre sus piernas y empecé a lamerle el clítoris con movimientos circulares, sintiendo cómo sus muslos temblaban y sus gemidos se convertían en gritos agudos cuando le metí dos dedos dentro, estirando su entrada ajustada mientras su sabor dulce me inundaba la boca. De pronto se apartó, me empujó contra el sofá y se subió encima mío a horcajadas, su culo redondo y firme aplastando mis huevos mientras se bajaba sobre mi verga hasta tragársela entera con un gruñido de placer. Las embestidas eran salvajes, su coño estrecho y caliente ordeñando mi polla con cada subida y bajada, sus tetas naturales rebotando sin control mientras sus uñas se clavaban en mis hombros y su respiración se volvía entrecortada, mezclando maldiciones y súplicas para que no parara. La giré de golpe, la puse a cuatro patas en el suelo, le agarré las caderas y empecé a empotrarla con fuerza bruta, su culo temblando con cada golpe mientras su coño chorreante dejaba marcas en la alfombra. Los sonidos eran obscenos: la carne chocando contra carne, sus gritos roncos pidiendo más, mi respiración agitada mientras sentía cómo se contraía alrededor de mi verga, anunciando el orgasmo inminente. Cuando por fin me corrí, la llené de leche espesa hasta el fondo, su coño succionando hasta el último chorro mientras ella se desplomaba sobre el suelo, agotada y con la cara roja de tanto gritar. Todavía jadeantes, nos quedamos ahí tirados, su cuerpo pegajoso de sudor y mis huevos vacíos, sabiendo que después de esto ninguna otra polla le sabría igual.

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