Repartidor de pizza se tira a la pelirroja caliente
Llamó dos veces a la puerta porque no le abrieron en el primer intento, pero cuando la rubia pelirroja entreabrió con las tetas rebotando entre la camiseta ajustada, supo que esa entrega no sería normal. La puta solo llevaba puestos unos pantalones de pijama transparentes que dejaban ver el coño mojado desde el primer segundo, así que el repartidor soltó la caja de cartón al piso y le clavó la polla dura entre los labios antes de que ella pudiera decir ni una palabra. La pelirroja gimió fuerte, con la espalda pegada al marco de la puerta mientras el chico le empotraba el rabo hasta la garganta, chupando cada centímetro con saliva espesa y sonidos húmedos que resonaban en el pasillo. El marido de ella, escondido en la sala, grababa todo con el móvil en mano mientras se masturbaba viendo cómo el repartidor le levantaba las piernas para hundirse en el coño apretado sin piedad, empalándola contra el suelo de madera con embestidas brutales que hacían temblar los muebles. La pelirroja gritaba de placer, con las tetas grandes y pesadas bailando al ritmo de cada golpe, los pezones rosados duros como piedras mientras el líquido caliente le resbalaba por los muslos. El tipo se corrió dentro de ella sin avisar, llenándole el coño de leche espesa que se escurría por el culo en cuanto sacó el rabo, dejando a la pelirroja jadeando contra la pared con los muslos temblorosos y una sonrisa de puta satisfecha. El marido, ya con la polla en la mano, se acercó para limpiar los restos del desastre con la lengua antes de que el repartidor se vistiera, mientras ella le susurraba al oído que la próxima vez le pagaría con un trio si le traía más pizzas de pepperoni. La caja quedó olvidada en el suelo, el cartón manchado de semen y jugos, pero a los tres les importó una mierda porque al final todos terminaron con el cuerpo sudado y el alma más caliente que el horno de la cocina.