Mi marido me quería follar en vez del helado
La casa olía a vainilla y chocolate, pero mi marido solo tenía ojos para mi culo parado mientras yo me relamía el postre... Él se acercó por detrás, deslizando sus manos por mis muslos cubiertos por las medias, y me susurró al oído que prefería mi coño bien mojado antes que el helado. Sin pensarlo dos veces, me incliné sobre la mesa de la cocina, dejando que mi tanga se deslizara hasta los tobillos mientras él me agarraba las nalgas con fuerza. Su polla enorme ya estaba dura como una roca, y no perdió tiempo en hundirla hasta el fondo, haciendo que gimiera como una puta en celo. Las embestidas eran brutales, cada golpe resonaba en la cocina mientras mis tetas rebotaban contra la mesa. Él me agarró del pelo, obligándome a arquear la espalda mientras me follaba como un animal, y yo solo podía gemir y rogarle que no se detuviera. Cuando ya no aguanté más, me corrí con un grito ahogado, sintiendo cómo su leche caliente me llenaba por completo. Él se derramó dentro de mí con un gruñido gutural, marcándome como suya una vez más. La próxima vez, mejor pediré algo más que helado...