Latina de culo escandaloso me cabalga tras llamar codificada
Llegó a mi casa con un vestido ajustado que apenas le tapaba esas tetas enormes y ese culo que no para de moverse cada vez que respira. La muy zorra me guiñó un ojo al dejar el recado en el contestador, pero yo ya sabía que era para mí: una llamada codificada que solo ella y yo entendíamos. En cuanto cruzó el umbral, me tiró contra el sofá y se subió encima sin perder un segundo, sus labios carnosos mordiendo los míos mientras sus manos me arrancaban la camisa a tiras. Sentí su coño empapado frotarse contra mi polla dura como una piedra, lista para partirla en dos, y sus gemidos roncos me decían que no aguantaría ni un minuto más sin empotrarla hasta el fondo. Me agarró de las caderas con esas uñas pintadas de rojo y me clavó en su interior con un movimiento brusco que me dejó sin aliento, suculenta y caliente como un horno. La muy puta me cabalgó con saña, sus tetas rebotando al ritmo de cada embestida mientras su culo redondo y prieto me azotaba las bolas, dejándome sin fuerzas para otra cosa que no fuera correrme dentro de esa madriguera hambrienta. Cada vez que se inclinaba hacia atrás, su coño se tragaba mi verga hasta la raíz y un chorro de sus jugos resbalaba por mis pelotas, mojando el sofá como si hubiera llovido dentro. Gruñía como una perra en celo y sus jadeos se mezclaban con los sonidos húmedos de nuestra carne chocando sin piedad, hasta que no pude más y le solté todo dentro con un rugido que casi le revienta los tímpanos. Se dejó caer sobre mi pecho, sudorosa y satisfecha, con las piernas temblorosas y el coño chorreando mi leche espesa, mientras yo le mordisqueaba el cuello y le susurraba al oído lo puta que es cuando se corre sobre una polla como la mía.