La puta Cindy Sweet Chick duerme y Big Boss no aguanta más
Era tarde en la noche, la habitación apenas iluminada por la luz tenue de la luna filtrándose entre las cortinas. Cindy Sweet Chick, la zorra de piernas abiertas, dormía boca arriba, su coño afeitado brillando bajo la tenue luz, los muslos ligeramente separados como si lo estuviera invitando. Big Boss, con la polla ya dura desde que la vio así, se acercó sigiloso, respirando agitado mientras se bajaba los pantalones. La apuesta estaba clara: él juraba que la haría gemir sin despertarla del todo, y ella, aunque dormida, parecía retarlo con cada respiración profunda. Primero, pasó los dedos por sus labios mojados, sintiendo cómo se abrían solos, como si su cuerpo supiera exactamente lo que quería. Ella gimió suavemente, pero no se movió, lo que lo excitó aún más. Con un movimiento rápido, Big Boss se colocó entre sus piernas, hundiendo la polla de una estocada hasta que las caderas chocaron contra su culo firme. Cindy arqueó la espalda, pero mantuvo los ojos cerrados, como si esto fuera parte de un sueño erótico. Él empezó a embestirla con fuerza, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de su verga, caliente y húmedo. Cada empujón la hacía gemir más fuerte, pero ella seguía sin abrir los ojos, como si estuviera disfrutando el juego. Big Boss aceleró el ritmo, agarrando sus muslos con fuerza mientras la penetraba sin piedad, sintiendo cómo su polla rozaba cada rincón de su coño. Cindy finalmente abrió los ojos, mirándolo con una sonrisa pícara, como si supiera que él no podría resistirse. Él la empotró contra el colchón, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el suyo. Con un último empujón, se corrió dentro de ella, llenándola por completo. Cuando terminó, se dejó caer a su lado, jadeando, mientras Cindy se limpiaba los labios con el dorso de la mano, dejando un rastro de semen en su barbilla.