La peluquera se arrepiente y ofrece su culo a Deylamoon
Eran las cinco de la tarde cuando me di cuenta de que el corte de pelo había quedado horrible, pero en vez de disculparme con palabras, decidí ofrecerle mi cuerpo a Deylamoon. Sabía que su polla gruesa era lo único que podía compensar el desastre, así que me arrodillé frente a él y le susurré al oído que quería que me empotrara contra la pared, con cuidado de que nadie del salón nos escuchara. Sus manos grandes agarraron mis tetas naturales, apretando mis pezones perforados mientras me mordía el labio para ahogar los gemidos. Cada embestida me hacía chocar contra el espejo, y el riesgo de que alguien entrara me ponía más mojada, sintiendo cómo su verga entraba hasta las pelotas. Él me dio vuelta y me hizo inclinar sobre el lavabo, metiendo los dedos en mi coño mientras me follaba por detrás, con sus bolas golpeando contra mi culo tatuado. Escuché pasos afuera y me tapé la boca para no gritar, pero él no paró, empujando más fuerte hasta que me corrí en su polla, sintiendo cómo su leche caliente llenaba mi culo. Cuando terminó, me dejó temblando, con las piernas flojas y el maquillaje corrido, prometiéndole que la próxima vez lo haríamos en su casa, donde nadie nos interrumpa.