La chupada más sucia de MaryFox te dejará sin aliento
El sonido de la saliva chorreando por el cuello de la polla era lo único que se escuchaba en el cuarto cuando MaryFox se arrodilló, mirándolo con esos ojos que siempre usaba para volverlo loco. Llevaba semanas provocándolo, mandando fotos con el sujetador abierto, rozándose contra él en la cocina, susurrándole cosas al oído que lo ponían duro al instante. Hoy no se contuvo: se metió hasta las pelotas de un solo movimiento, tragó saliva con los ojos llorosos y siguió chupando como si no hubiera mañana, ahogándose en su propia baba. La cara se le llenó de leche espesa cuando él explotó, pero ella no paró, lamiendo cada gota como si fuera el postre más rico. DreamFox, que miraba desde la puerta, se mordió el labio al ver cómo su chica se entregaba por completo, disfrutando cada segundo del desorden. MaryFox no pensaba en otra cosa que en cómo lo había llevado al límite, cómo lo había hecho perder el control hasta que ya no pudo aguantar más.