Jocilena se vuelve loca con su coño mojado y caliente
Aquel viernes en el sofá, ya no aguante más las ganas de tocarme mientras Jocilena me miraba con esos ojos de puta que me volvían loco. Llevábamos días con esa tensión acumulada, robándonos miradas en el trabajo, rozándonos sin querer en el ascensor, hasta que por fin me acerqué y le metí la mano bajo la falda. Su coño estaba empapado, ardiente, y cuando le clavé los dedos hasta el cuello del útero, gimió tan fuerte que tuve que taparle la boca con la otra mano. En más de 12 minutos de escena, la monté contra la pared, sintiendo cómo sus uñas se hundían en mi espalda mientras me apretaba contra ella. Cada vez que la embestía, sus tetas rebotaban y sus labios se entreabrían en un gemido ahogado. No podía parar de chuparle los pezones, de morderle el cuello, de sentir cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. Cuando por fin me corrí dentro de ella, Jocilena gritó mi nombre y sus paredes vaginales se cerraron alrededor de mi polla como si no quisieran soltarme. Fue tan intenso que casi me desmayo encima de su cuerpo sudoroso.