James el abuelo se paja sin parar en su cuarto
James el abuelo tiene la polla tiesa desde que te la agarras con fuerza, sintiendo cómo el grosor de su verga se clava entre tus dedos mientras él mira alrededor, nervioso de que alguien pueda entrar en cualquier momento. Te inclinas y empiezas a chupárselo despacio, recorriendo con la lengua las arrugas de su piel curtida, el sabor salado de la glans hinchada, mientras sus huevos peludos se tensan contra tu barbilla. Él tapa tu cabeza con una mano, mordiéndose el labio para no gemir demasiado fuerte — alguien podría pasar por el pasillo en cualquier segundo. Dejas que tu lengua juegue con el prepucio, estirándolo antes de llevártelo hasta las pelotas, sintiendo cómo el calor de su polla crece contra tu garganta. James agarra el cabecero de la cama con la otra mano, las venas de su verga marcándose como cuerdas mientras tú aceleras el ritmo, el sonido húmedo de tu boca mezclándose con sus resoplidos ahogados. En cualquier momento, la puerta podría abrirse, pero no te detienes: te encanta el riesgo de que alguien los descubra así, con tu saliva cayendo por su vello blanco, su polla palpitando en tu boca. Justo cuando crees que no aguanta más, James te empuja de golpe contra el colchón y se pone encima, empotrándote de una estocada hasta hacerte gemir en voz baja, sintiendo cómo su verga peluda te llena entera, los testículos rebotando contra tu culo. Cada embestida es más fuerte, más rápida, sus manos apretando tus muslos mientras tú te muerdes el brazo para no gritar, imaginando a alguien al otro lado de la puerta escuchando los crujidos de la cama, los jadeos entrecortados. James gruñe en tu oído, las gotas de sudor cayéndole por el pecho mientras te embiste sin control, su polla hinchándose cada vez más dentro de ti, los músculos de sus caderas tensándose antes de...