Hermanastras en lencería y el padre que las desea
La habitación brillaba con luces neón mientras la realidad se distorsionaba a mi alrededor. Sabía que mi hermanastra Lana y yo habíamos cruzado un límite al vestirnos con lencería transparente solo para provocarlo. Cada vez que pasábamos frente a él, nuestras tangas se marcaban más, y sus ojos ardían. Elias, nuestro padrastro, no aguantó más y nos empujó contra la pared, arrancando la tela con los dientes. Sentí sus manos ásperas en mi culo mientras Lana gemía al chuparle la polla, sus labios brillantes de saliva. Me volteó como una muñeca y me empotró contra el sofá, su verga gruesa abriéndome hasta hacerme llorar. Lana se rió al ver cómo me retorcía, pero luego fue su turno cuando él la levantó en el aire y la ensartó contra la ventana. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, y yo solo podía tocarme, mojada y desesperada por más. Al final, cuando él se corrió dentro de Lana, ella me miró con una sonrisa malvada, sabiendo que yo era la que realmente lo había provocado todo.