Jesse Pony recibe una lección de humildad con crema caliente
Jack Vegas no aguantaba más las miradas furtivas que le lanzaba Jesse Pony cada vez que pasaban cerca en el pasillo. Llevaba días imaginando cómo sería tenerla de rodillas, chupando su polla con esos labios carnosos que siempre mordía cuando lo veía. La tensión entre ellos era insoportable, y cuando por fin la acorraló en el cuarto oscuro, supo que no habría escapatoria. Jesse gimió cuando Jack le bajó los jeans, dejando al descubierto su coño ya mojado, listo para ser empotrado sin piedad. La empujó contra la pared, levantándole las piernas para penetrarla de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado se ajustaba a su verga como un guante. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, sus uñas clavándose en la espalda de Jack mientras él la follaba sin descanso. Jesse no podía creer lo bien que se sentía, cómo su polla grande la llenaba por completo, rozando ese punto que la hacía temblar. Cuando Jack la giró para meterla en cuatro, su culo redondo se movía al ritmo de sus embestidas, y Jesse no pudo evitar correrse en su mano, sintiendo cómo su leche caliente goteaba entre sus dedos. Jack no tardó en seguir, llenándola hasta las pelotas antes de que sus cuerpos se quedaran inmóviles, sudorosos y satisfechos.