Follando con extraños en las calles de Kampala de noche
El olor a sudor y alcohol en el aire me excitaba más de lo que debería. Sabía que esto estaba mal, pero mi coño palpitaba cada vez que Happygalug me miraba con esos ojos llenos de lujuria. Nos escondimos en un callejón oscuro, sus manos ásperas me agarraron el culo con fuerza mientras yo le mordía el cuello. Sentí su polla dura presionando contra mi tanga mojado, y sin pensarlo dos veces, me bajé los pantalones y me arrodillé para chupársela. El sabor salado de su pre-cum me volvió loca, y cuando me empotró contra la pared, sus embestidas eran tan fuertes que me hacían gemir sin control. Mis tetas rebotaban con cada golpe, y cuando me penetró hasta hacerme tocar el cuello del útero, supe que no había vuelta atrás. Me corría en la boca mientras yo le arañaba la espalda, y cuando terminó, solo dijo: '¿Ves lo puta que eres cuando te lo pido?'