Esposa árabe con culo redondo disfruta follada salvaje
La mujer llevaba días mirándolo con esos ojos negros cargados de lujuria mientras él se desnudaba frente a ella... La polla sudada y palpitante se le escurría entre los dedos mientras le recorría el vientre con la punta, untándola de su propio jugo que ya le chorreaba por los muslos gruesos y temblorosos. Él la agarró del pelo negro azabache y la obligó a arrodillarse sobre la alfombra persa, hundiéndole la verga hasta la garganta mientras ella ahogaba un gemido entre arcadas, con las tetas naturales rebotando libres bajo su vestido de seda rasgado. La empujó contra el sofá bajándole las bragas de encaje hasta los tobillos, dejando al descubierto ese coño mojado que brillaba bajo la luz tenue del salón, hinchado y listo para que se lo empotrara con fuerza. Ella se dejó caer de espaldas con las piernas abiertas, levantando ese culo redondo y perfecto para que él la penetrara desde atrás como un animal, agarrándole las caderas para clavársela hasta el fondo sin piedad. Los gritos de ella resonaban en las paredes cada vez que la polla le llegaba al fondo del útero, empapándole las sábanas con un chorro caliente de leche que le resbalaba por el interior de los muslos. Él le mordió el hombro mientras le embestía a un ritmo brutal, sintiendo cómo el coño se le contraía alrededor de la verga como una tenaza, ordeñándola hasta dejarla sin fuerzas. Cuando ella se corrió por tercera vez, con el cuerpo temblando y los pezones duros como piedras, él le llenó el vientre de semen espeso, dejando marcas blancas en ese vientre redondo que subía y bajaba con cada respiración entrecortada. La casa olía a sexo sucio y sudor, a piel quemada por el roce y a leche derramada en cada rincón donde sus cuerpos se habían enredado sin control. Ella se quedó tirada en el suelo, con el coño goteando leche y el culo marcado por las huellas de sus dedos, mientras él se limpiaba la polla en su pelo antes de volver a embestirla sin aviso.