Ella no paraba de provocarme hasta que la empotré contra la pared
El sonido de sus tacones resonando en el pasillo me volvió loco desde el primer momento. Sabía que lo hacía adrede, moviendo ese culo redondo y perfecto justo frente a mí, rozándome cada vez que pasaba. Me mandó fotos de su coño depilado brillando, con los labios hinchados y mojados, y juré que si seguía así, no iba a aguantar. Cuando por fin la agarré, la tiré sobre la cama y le arranqué el vestido, dejando al descubierto esas tetas grandes que rebotaban con cada movimiento. Le metí los dedos en el coño mientras le chupaba los pezones, sintiendo cómo se retorcía de placer. No contento, le hice chupar mi polla hasta que la tuvo babosa, y luego la puse de rodillas para follármela por detrás, embistiendo tan fuerte que sus gemidos se mezclaban con el golpe de mis caderas contra ese culo carnoso. Mason Moore no se quedó atrás, metiéndole la lengua en la boca mientras yo le follaba el coño hasta que empezó a squirtar sin control, empapando las sábanas con su corrida líquida. Al final, cuando se corrió por tercera vez, solo podía pensar en lo bien que se sentía ser el único que la hacía gemir así, sabiendo que nadie más la provocaba como yo.