Dolly Leigh se entrega a mi polla como una perra en celo
“No aguanto más, papi, necesito que me rompas de una vez”, me susurró Dolly Leigh con los ojos vidriosos de lujuria mientras sus tetas perfectas rebotaban contra mi pecho. Llevábamos días jugando al gato y al ratón, miradas robadas en la cocina, roces “accidentales” en el pasillo, hasta que el deseo se volvió insoportable. Cuando por fin la empujé contra la pared, su culo redondo y firme me recibió como un guante ajustado. Mi polla gruesa se hundió entre sus nalgas hasta hacerla gemir como una cerda en celo, sus uñas clavándose en mi espalda mientras yo le embestía sin piedad. Sus tetas perfectas saltaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y cuando le di la vuelta para empotrarla contra el sofá, su coño ya estaba chorreando de lo mojada que estaba. En más de 10 minutos de escena, no paré hasta que su culo apretado se adaptó por completo a mi verga, hasta que sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados contra mi hombro. Mike Hunt no tenía ni idea de lo que era follar de verdad hasta que probó este culo, y yo tampoco hasta que me enterré hasta las pelotas en Dolly Leigh, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío mientras me corría dentro de ella con un gruñido animal.