Dani la tetona se derrite por una verga enorme
Llevaba horas viendo cómo su culo bamboleante se marcaba bajo el vestido ajustado mientras se agachaba a recoger el trapo del suelo, el tanga negro empapado pegándosele al coño como si lo hubiera bañado en miel. Cuando por fin se dio la vuelta, sus tetas enormes amenazaban con reventarle el sujetador de encaje, los pezones duros asomando como dos cerezas maduras listas para ser chupadas. No pudo resistirse más: le agarró el pelo con fuerza, le metió la polla hasta la garganta y le escupió en la verga para que resbalara mejor al empotrarla contra la pared. Ella gimió con voz ronca, arqueando la espalda para que su culo gordo y redondo chocara contra su pelvis una y otra vez, el sonido húmedo de carne contra carne llenando la habitación mientras él le lamía los pezones y le mordisqueaba el cuello. Con cada embestida profunda, su coño chorreante se abría como una flor mojada, los labios hinchados y brillantes de sus jugos rozándole la verga gruesa que la atravesaba sin piedad. Le pidió más fuerte, clavándole las uñas en los hombros mientras él le levantaba una pierna para entrar más hondo, el choque de sus tetas falsas pero perfectas golpeándole el pecho con cada envite. Cuando por fin le llenó el coño hasta el fondo, sintiendo cómo se le contraía el útero a su alrededor, ella se corrió gritando su nombre, el semen caliente corriéndole por las piernas mientras él no paraba de empujar, ordeñándole hasta la última gota de leche espesa de su verga monstruosa. El espejo del baño quedó empañado por el vaho de sus gemidos entrecortados, la humedad de sus cuerpos pegajosos mezclándose con el olor a sexo y sudor que inundaba el aire.