Cuatro vagabundos me empotraron el culo gordo a pelo
Nunca imaginé que terminarían así las noches de vagabundeo por el centro, pero cuatro tipos duros me rodearon en un callejón oscuro y no pude resistirme a sus pollas enormes. Uno me bajó los pantalones de un tirón mientras otro me agarraba el culo gordo con ambas manos, apretando mis nalgas como si fueran un puto manjar. El primero me escupió en el agujero y metió su verga negra sin piedad, haciendo que gritara como una puta mientras me embestía hasta el fondo. El segundo se arrodilló frente a mí y me chupó la polla con desesperación, tragándose cada gota de pre-cum que brotaba de mi punta. Los otros dos se turnaban para azotarme el culo, dejando marcas rojas en mi piel mientras gemía como una perra en celo. Sentía cómo la polla del primero me taladraba el ano, dilatándome hasta el límite mientras su pelvis chocaba contra mi trasero con cada embestida brutal. El que me chupaba la verga se corrió en mi cara, dejando su leche caliente resbalando por mi barbilla mientras el primero me llenaba el culo con su corrida espesa. Los otros dos se acercaron, uno me agarró del pelo y me obligó a tragar su leche mientras el último me empalaba por detrás, haciendo que mi cuerpo temblara con cada sacudida. Fue una noche salvaje, llena de sudor, gemidos y pollas duras que no paraban de follarme sin descanso.