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Coño caliente que no aguanta más sin ordeñar

11:13 720P 4 Variados
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Estúdio Redzone
Atores Jocilenarwa

Desde que abrió la puerta él supo que esa noche no iba a dormir, la morena se le tiró encima sin darle tiempo a quitarse ni los zapatos, arrinconándolo contra la pared del pasillo con sus tetas apretadas contra su pecho mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja susurrándole al oído que llevaba horas imaginando cómo le iba a chupar esa polla gruesa que le marcaba el pantalón. No necesitó más invitaciones, le arrancó el cinturón de un tirón y liberó esa verga palpitante que ya goteaba por la punta, gruesa y venosa, lista para hundirse en ese coño empapado que olía a sexo y a pecado. Ella se dejó caer de espaldas en el sofá sin importarle que la falda se le arremolinara en las caderas, abriendo las piernas de par en par para que él pudiera ver cómo sus labios mayores brillaban bajo la luz de la lámpara, hinchados y listos para recibir cada centímetro de carne dura que se acercaba. Con un gruñido animal, él se lanzó entre sus muslos y empezó a lamerle el clítoris con movimientos circulares, haciéndola gritar y arquear la espalda mientras sus caderas se sacudían buscando más fricción. No aguantó ni diez segundos antes de que sus gemidos se convirtieran en jadeos desesperados, con los dedos enredados en su pelo sudado mientras le suplicaba que no parara, que la penetrara ya de una vez por todas con esa verga que la estaba volviendo loca. Él no se hizo rogar, se alineó en la entrada de su coño chorreante y con un empujón brutal la empaló hasta el fondo, haciendo que ella chillara como una perra en celo mientras sus paredes internas se aferraban a ese tronco grueso que la estiraba sin piedad. Las embestidas eran salvajes, el sofá crujía cada vez que él se hundía hasta las pelotas, y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en toda la sala mezclado con los gritos de ella pidiendo más, más fuerte, que la dejara correrse sobre su polla. Cuando sintió que los espasmos del orgasmo empezaban a recorrerle el vientre, ella se aferró a sus hombros con las uñas clavadas mientras su coño se contraía en espasmos brutales alrededor de esa verga que la estaba desarmando, y justo en ese instante él soltó un rugido y se enterró hasta el fondo, descargando toda su leche caliente en el fondo de su matriz mientras ella seguía temblando de placer con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo. Los dos quedaron jadeando, pegajosos de sudor y fluidos, sin fuerzas para moverse mientras sus cuerpos seguían vibrando con los últimos coletazos del clímax más intenso que habían vivido en meses.

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