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Marido fuera y ella se moja sin parar

10:10 1080P 6 Variados
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Estúdio Bang-meet

El reloj marcaba las tres de la tarde cuando ella escuchó el portazo de la entrada, pero en vez de alivio, sintió un cosquilleo entre las piernas que le recorrió toda la espalda. Se quitó el vestido de verano a tirones, dejando al descubierto unos pechos firmes y redondos que se balanceaban con cada respiración agitada mientras se acercaba a la puerta. Antes de que pudiera cerrar con llave, él ya estaba dentro, oliendo a sudor y a colonia barata, con la polla dura como una roca bajo el pantalón ajustado que apenas escondía su erección descomunal. Ella ni siquiera le dejó hablar, se lanzó a su boca con lengua frenética mientras sus manos le arrancaban el cinturón de un tirón, dejando caer los pantalones al suelo con un golpe sordo. Él la empujó contra la pared de la sala, le bajó las bragas de encaje rojo en dos segundos y le metió dos dedos dentro del coño empapado, comprobando que estaba más mojada de lo que imaginaba. Ella gimió fuerte, con la cabeza echada hacia atrás y los labios entreabiertos, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído que la ponían más cachonda de lo que creía posible. Sin perder ni un segundo más, él la levantó en volandas, le separó las nalgas con las manos y se enterró hasta las bolas dentro de su vagina ardiente, haciendo que ella gritara de placer mientras sus uñas le arañaban la espalda. Las embestidas eran brutales, cada empellón le llegaba hasta el útero, y el sonido de sus cuerpos chocando resonaba por toda la casa mientras ella se corría una vez tras otra, empapando su polla con jugos calientes que le resbalaban por los muslos. Él no se detuvo ni un instante, siguió follándola contra la pared con una fuerza animal, hasta que sintió que sus pelotas se le subían y supo que el final estaba cerca, así que la sacó de sopetón para eyacularle toda la leche espesa encima de los pechos, dejando gotas blancas que resbalaban por su piel bronceada mientras ella se relamía los labios con una sonrisa de satisfacción. El aire olía a sexo, a semen y a sudor, y aunque él se fue igual de rápido que había llegado, ella supo que esa no sería la última vez que se dejara llevar por sus instintos más sucios.

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