Chicos latinos sudando mientras se folian sin parar
La piel brillante y sudorosa de los dos morenos no dejaba duda de lo que venían buscando desde que se conocieron en la fiesta de barrio, donde las cervezas corrían y los calores subían más rápido que el volumen de la música. Él, con su verga gruesa y palpitante, ni siquiera esperó a que lo empujaran contra la pared del callejón cuando lo agarró del culo firme y lo levantó como si no pesara nada, haciendo que sus peludas bolas chocaran contra el muslo del otro al instante. Las manos sudadas se enredaron en el pelo negro y rizado mientras la lengua gruesa le lamía el cuello, dejando un rastro de saliva caliente que bajaba hasta el pecho marcado por el esfuerzo. El moreno de abajo, con los labios entreabiertos y la boca llena de babas, se dejó caer de rodillas sin pensarlo dos veces y se tragó toda la verga hasta la garganta, ahogándose con los gemidos que le salían de lo más hondo al sentir cómo se le humedecía el culo solo de imaginarse empalado. Los gruñidos guturales del otro al sentir aquellos labios apretando su tronco no hicieron más que acelerar el ritmo, y pronto los dos se enredaron en un beso sucio mientras las caderas chocaban sin piedad, haciendo que el culo del de abajo se llenara de marcas rojas de tanto agarre. Las embestidas se volvieron más profundas, más brutales, y los gritos de placer se mezclaban con el sonido de la carne chocando contra carne, hasta que el sudor resbaló por la espalda del que estaba arriba y el de abajo sintió cómo su verga se tensaba dentro de aquella boca hambrienta, lista para soltarle toda la leche espesa y caliente por la garganta mientras los dos se corrían sin control. Los gemidos ahogados y los cuerpos temblorosos no pararon hasta que las piernas les fallaron y se desplomaron sobre el suelo sucio del callejón, con las vergas todavía palpitantes y los cojones vacíos, pero con la necesidad de más follada rondando en la cabeza de los dos.