Chica tatuada follada y mamada al aire libre
Llevaba meses viendo cómo esa morena de curvas marcadas se mordía el labio cada vez que pasaba cerca, con sus tatuajes negros destacando bajo el sol del parque. No pudo resistirse más cuando la vio agacharse para atarse los cordones y su culo prieto se le marcó como un imán bajo el short ajustado. Se acercó sigilosamente, le susurró al oído que le encantaba su piel tatuada y ella soltó un gemido ahogado antes de dejar que le bajara el pantalón de chándal entre risitas nerviosas. La polla bien dura le rozó el coño mojado al instante y no pudo evitar soltar un 'joder' cuando él le metió dos dedos mientras le chupaba el piercing del pezón como si fuera un caramelo. La empujó contra el árbol más cercano, le arrancó las bragas con los dientes y le abrió las piernas de un tirón para probar su sabor salado con la lengua, haciendo que sus caderas se sacudieran buscando más fricción. Entre jadeos, ella le agarró la cabeza y le rogó que la empotrara duro, así que la levantó en peso, le clavó las uñas en los hombros y se la clavó hasta el fondo sin piedad, sintiendo cómo su coño empapado se abría como un guante alrededor de su verga gruesa. Los tatuajes de ella le rozaban el pecho mientras botaba contra él, cada embestida le sacudía el culo perfectamente redondo que se le ponía rojo de tanto golpe, y los gemidos ahogados en su boca se mezclaban con el crujido de las hojas bajo sus cuerpos sudados. Él no aguantó más y se corrió dentro con un gruñido gutural, llenándole el coño hasta rebosar mientras ella gritaba de placer y se apretaba contra él, sus pezones perforados rozándose contra su pecho cubierto de tinta. Cuando por fin la dejó en el suelo, ella se quedó jadeando, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido, mientras él le lamía el sudor de la nuca y le susurraba lo puta que se veía empapada de leche y jugos, antes de volver a empotrarla contra el tronco sin aviso.