Bright Lord #42: te reto a que me hagas suplicar
Lucía me miraba con esa sonrisa de puta desafiante antes de meterse en mi juego. 'Vamos, demuéstrame de qué estás hecho', dijo mientras se desabrochaba la blusa muy lento, sacando esos turgentes pechos que ya sabía que me volvían loco. Mi polla se puso dura como el acero apenas sus pezones rosados asomaron entre la tela, pero ella no tenía prisa, disfrutando cada segundo de mi tortura. Cuando por fin se bajó los pantalones, dejándome ver ese coño depilado brillante de jugos, no aguante más y la empujé contra la cama. La puse de rodillas y le empecé a chupar los pezones con fuerza, mordisqueando hasta que gimió. '¿Eso es todo lo que tienes?', susurró la muy zorra, así que le metí dos dedos de golpe, sintiendo lo caliente y apretado que estaba. Gritó, pero siguió retándome, por eso la volteé como una muñeca y le clavé la polla hasta hacerla callar, sintiendo como su culo tembloroso se ajustaba perfecto a mis embestidas. Cada vez que creía que iba a correrme, me salía para que no ganara, hasta que Lucía, sin aliento, empezó a suplicar: 'Por favor, no pares, dame tu leche'. Ahí sí la empecé a empotrar como un animal, aferrándome a sus caderas mientras mi polla entraba y salía de ese coño mojado. Cuando ya no pudo más, se corrió gritando, apretando mis pelotas con sus piernas mientras yo le soltaba todo mi semen bien adentro. Al terminar, su mejilla estaba marcada con mi saliva y el piso lleno de ropa tirada.