Blackprincess no puede contenerse: 10 minutos de éxtasis
El cuarto está bañado en penumbras, solo el resplandor de la pantalla del teléfono ilumina nuestros cuerpos desnudos sobre las sábanas arrugadas. Llevábamos días mirándonos con esa tensión insoportable, roces casuales que terminaban en gemidos ahogados, promesas susurradas al oído que se evaporaban al amanecer. Esta vez no habrá escapatoria. Mi coño late con cada paso que da hacia mí, y cuando sus manos me agarran las caderas, sé que ya no hay vuelta atrás. Me empuja contra la pared, los azulejos fríos contrastan con el calor de su boca en mi pezón, mordiendo hasta que gritó. Mis muslos están empapados, y cuando introduce dos dedos de golpe, los siento como si fueran su polla, gruesa y exigente. Gimo su nombre, Blackprincess, mientras me levanta y enrosco las piernas en su cintura, sintiendo cómo su verga roza mi entrada antes de hundirse entera de golpe. Cada embestida me hace golpear contra la pared, los ruidos de nuestros cuerpos chocando llenan el cuarto, mi coño se ajusta a su ritmo salvaje, apretándolo como si quisiera devorarlo. Él gruñe, sus dedos se clavan en mi culo mientras me menea más rápido, y cuando siento que se corre dentro, mis paredes se contraen alrededor de su polla, ordeñándolo hasta la última gota. La tensión acumulada explota en gemidos desgarradores, y cuando nos desplomamos en la cama, jadeantes y sudorosos, sé que esto no será lo último. La próxima vez, le mostraré lo que realmente significa descontrolarme.