Anal brutal a una argentina menudita y tatuada
La chiquita de Buenos Aires llevaba días mandando fotos con su culo prieto en tanga ajustado, pidiendo que le metieran la verga bien hondo. Cuando él llegó a su departamento, lo recibió con un gemido ahogado y las tetas apretadas contra la pared, ofreciéndole el culito sin pudor. Jax la agarró de las caderas con fuerza y sin avisar le metió la polla hasta el fondo del culo, arrancándole un grito de dolor mezclado con placer que le mojó las bragas al instante. La argentinita se dejó empotrar con los tatuajes temblando cada vez que la embestida le sacudía las nalgas, su coño chorreando jugos por el morbo de que le partieran el culo. Él le escupió en el agujero antes de clavársela otra vez, sintiendo cómo el anillo se abría como nunca mientras ella se retorcía de los espasmos. Entre gemidos y gritos de «puta, qué culo más rico», él le llenó el recto hasta rebosar de leche espesa, obligándola a tragarse cada gota cuando le sacó la verga. La pobre quedó hecha un trapo, con las piernas temblorosas y el culo goteando semen que le resbalaba por los muslos, suplicando más aunque ya no pudiera ni moverse. El contraste entre su cuerpito de muñeca y esa polla monstruosa que la destrozaba solo hacía que los espasmos de placer fueran aún más brutales, convirtiendo el anal en una sesión de tortura dulce que los dejó a los dos exhaustos y pegajosos.