Vagabundo se folla al residente del condominio tras ganar un cobertor
El vagabundo llevaba semanas rondando el garaje del condominio, buscando cualquier excusa para acercarse a los chicos bien dotados que entrenaban ahí. Un día, el residente más guapo, con un tatuaje que le marcaba los músculos, se dejó caer en el banco del parque y el vagabundo aprovechó para sentarse a su lado, rozando sus muslos con la polla ya dura. El residente, con una sonrisa pícara, notó el bulto y le ofreció un trago de su bebida, pero el vagabundo prefirió chuparle el cuello mientras le metía la mano en el pantalón. El residente gimió cuando sintió los dedos ásperos del vagabundo acariciando su verga, y antes de que pudiera reaccionar, ya lo tenía empotrado contra el árbol, con la polla monstruosa del vagabundo entrando sin piedad por su culo apretado. El residente, que nunca había probado un rabo tan grande, gritó de placer mientras el vagabundo lo embestía con fuerza, sintiendo cómo su culo se abría para recibir cada centímetro de esa polla dura. El vagabundo no aguantó más y se corrió dentro, llenando el culo del residente con su leche caliente, mientras el otro gemía como una puta en celo. Al terminar, el vagabundo se limpió la polla con el cobertor que había ganado en una apuesta y se fue, dejando al residente con el culo abierto y la polla aún palpitando de deseo. El residente, con el tatuaje brillando de sudor, se tocó el culo dolorido y supo que quería más de ese vagabundo.