Trans femenina domina al musculoso vecino con su polla gigantesca
Te lo encuentras sudado después del gimnasio, la camiseta pegada a esos músculos que siempre te han vuelto loco, y no puedes evitar imaginarte cómo se sentiría esa polla trans enorme dentro de ti. Sabes que esto está mal, que es el vecino y que no deberías, pero cuando la agarras con fuerza y sientes cómo late entre tus dedos, ya no hay vuelta atrás. La trans femenina te empuja contra la pared, te ata las manos con las cuerdas y empieza a reírse mientras te hace cosquillas hasta que te retuerces de risa y placer. Te la chupa con esa boca experta, gimiendo como una puta en celo, y cuando te la mete hasta las pelotas en el culo, el dolor se mezcla con un placer que no habías sentido nunca. Te agarra del pelo, te obliga a mirarla mientras te empotra sin piedad, y cada vez que te la clava hasta el fondo, sientes cómo el culo se te abre para recibirla entera. El sudor te cae por la espalda, el cuero de sus tacones te marca la piel, y cuando por fin te corre en el culo, gritas tan fuerte que el vecindario entero debe estar escuchando. Pero lo peor es que, mientras te desata, te das cuenta de que lo único que quieres es que vuelva a pasar.