Sofiya Ershova aguantando un anal salvaje y bruto
Sofiya llegó con esa mirada de inocente que solo aguanta hasta que le metes el primer dedo en el culo sin avisar, y ahí fue cuando se le borró la sonrisa de golpe. Menos mal que ya tenía el coño empapado de solo imaginar lo que le esperaba, pero cuando la polla gruesa de su dueño se plantó en su entrada trasera sin piedad, se le escapó un gemido que le salió desde lo más hondo del pecho. No tuvo tiempo ni de maldita la queja porque en cuanto sintió cómo la verga le abría el culo a base de embestidas brutales, se le olvidó hasta cómo se respira. La muy puta no sabía si gritar de dolor o de placer cuando notó cómo la polla le llegaba hasta la garganta de lo profundo que la empotraba, con los huevos golpeándole el coño cada vez que se la clavaba hasta el fondo. El cabrón no paró ni un segundo, le agarró fuerte de las caderas para hundírsela más y más, mientras ella intentaba aguantar los tirones de pelo que le daban para que no se moviera ni un milímetro. La pobre no podía ni tragar saliva cuando la polla le llegaba hasta la garganta una y otra vez, con la boca llena de babas y el coño chorreando como una fuente por tanto morbo. Cuando por fin le soltó el pelo y le dio la vuelta como un trapo, Sofiya solo pudo quedarse quieta con las piernas temblorosas, pero él no tuvo piedad y le volvió a meterla de golpe por detrás, esta vez con las nalgas bien abiertas para que le viera cómo le dejaba el culo rojo y reluciente. Los gemidos ahora eran más fuertes, más desesperados, mezclados con los sonidos húmedos de cada embestida que le arrancaban hasta el último suspiro. No tardó en notar cómo se le llenaban las entrañas de leche caliente, y antes de que pudiera reaccionar, la sacó y le escupió todo el semen por la espalda mientras ella se corría otra vez sin necesidad de que le tocaran el clítoris. La dejaron tirada en el suelo, con el culo lleno de leche, el coño más mojado que nunca y la boca aún abierta de tanto joderla sin parar.