Estudiante universitaria de pelo negro recibe una polla brutal
Esa morrita de pelo azabache llegó a la fiesta con su minifalda ajustada y unos tacones que le hacían temblar el culo al caminar... Nadie se imaginaba que en menos de una hora esa chiquilla de tetas pequeñas y cuerpo de infarto terminaría con la polla del hijastro hasta la garganta, gimiendo como una perra en celo mientras le chupaba los huevos con desesperación. Él, que siempre había soñado con empotrar a una universitaria fresca y mojada, no perdió tiempo: le arrancó la blusa dejando al descubierto unos pezones duros que le pedían a gritos que los mordiera, mientras con una mano le agarraba el pelo negro y con la otra le metía los dedos bien hondo en el coño empapado. La pobre chica, entre gemidos y babas por la boca, no podía creer lo que le estaba pasando, pero cuando él le ordenó que se arrodillara y se tragara toda su verga hasta el fondo, no dudó ni un segundo. La garganta se le cerraba cada vez que él le embestía fuerte, pero el sabor salado de su leche la excitaba aún más, así que se dejó hacer sin protestar, con las tetas rebotando al ritmo de los movimientos bruscos de su hijastro. Él, lejos de tener piedad, le agarró el culo prieto con ambas manos y se lo abrió para clavarle la polla bien hondo por el culo, haciéndola gritar de dolor mezclado con placer mientras el líquido baboso le resbalaba por las piernas. Cada embestida era más salvaje que la anterior, y cuando por fin sintió que el coño se le contraía como nunca, supo que se iba a correr dentro de esa universitaria que ahora le suplicaba que le llenara el coño hasta reventar. La corrida fue intensa, caliente y espesa, dejando un charco blanco entre sus muslos antes de que ella se desplomara sobre la cama, jadeando y con la cara llena de sudor y semen. La universitara, exhausta pero satisfecha, solo atinó a susurrarle al oído que quería más... y que esta vez fuera su hijastro quien se la follara por el culo hasta dejarla sin aliento.