Shinobu chupa pollas como una diosa del infierno
“No aguanto más, necesito sentirte en mi boca ahora mismo”. Eso fue lo que le dije al demonio de ojos dorados cuando me acorraló contra la pared, su polla ya dura como el acero. Llevábamos días mirándonos con esa tensión que quema la piel, robándonos miradas en los entrenamientos, fingiendo indiferencia mientras el deseo nos consumía. Pero esa noche, en la oscuridad del dojo vacío, ya no hubo disimulos. Me arrodillé frente a él, sintiendo el calor de su verga rozar mis labios antes de abrir la boca y tragármela entera de golpe, hasta que sus caderas chocaron contra mi cara. Gemí alrededor de su polla, sintiendo cómo se hinchaba más con cada lamida, mientras mis dedos se clavaban en sus muslos para mantener el equilibrio. El sabor salado de su pre-cum me volvió loca, y empecé a chupar con más fuerza, moviendo la cabeza al ritmo de sus jadeos. “Así, puta, así”, gruñó, agarrándome del pelo para follarme la boca sin piedad, metiéndomela hasta que me ahogaba con cada embestida. Mi coño estaba empapado, palpitando de necesidad, pero no podía parar. Quería sentirlo correrse en mi garganta, quería tragarme cada gota de su leche como si fuera el elixir del infierno. Y cuando lo hizo, cuando su semen caliente me llenó la boca, lo tragué todo, gimiendo de placer mientras él me miraba con esos ojos de demonio satisfecho. Pero no era suficiente, nunca lo era con él. Y cuando me levantó y me empotró contra la pared, esta vez sí que...