Sexo salvaje en la ducha con mi compañera de piso
Llevaba días imaginando cómo sería empotrar a mi compañera de piso contra los azulejos blancos de la ducha, con el agua corriendo caliente sobre nuestros cuerpos pegajosos. El vapor del baño le nublaba la vista y le daba ese brillo sudoroso a su piel morena mientras se mordía el labio inferior, juguetona, con los pechos rebotando cada vez que se giraba para mirarme con esos ojos negros llenos de lujuria. Le arranqué el tanga rosa de un tirón y se lo metí en la boca para callar los gemidos que le salían de la garganta al sentir mis dedos hundiéndose en su coño depilado y chorreante. Mis tatuajes brillaban bajo el chorro de la ducha mientras le agarraba el culo prieto con fuerza, empalándola contra la pared y sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla dura como una tenaza. Ella gritó cuando la levanté en volandas, sus piernas rodeándome la cintura mientras la embestía sin piedad, el agua resbalando por su espalda y mezclándose con el sudor que le corría entre los pechos. Le mordí el hombro para contener mis ganas de correrme dentro de ella, pero el calor de su cuerpo, el olor a piel mojada y el sonido de sus tetas rebotando me volvieron loco. Le di una palmada en el culo que resonó en el baño y la puse a cuatro patas sobre el suelo de baldosas, con las rodillas resbaladizas por el jabón y el coño abierto de par en par esperándome. Le metí la polla hasta la garganta sin aviso, ahogándola con mis embestidas mientras sus tetas se aplastaban contra el suelo y sus uñas raspaban el azulejo. El olor a sexo y cloro llenaba el aire cuando le agarré la melena negra y la obligué a mirarme mientras le escupía en la boca antes de clavarle la polla hasta el fondo, sintiendo cómo se le escapaba un orgasmo que le sacudía todo el cuerpo. Le dejé caer de bruces sobre el suelo y me arrodillé detrás de ella, lamiéndole el coño empapado desde el culo hasta el clítoris mientras sus gemidos se mezclaban con el sonido del agua golpeando el plato de la ducha. No tuve piedad: le metí dos dedos dentro mientras le chupaba el clítoris hinchado y le susurré al oído que se corriera para mí, que quería ver cómo su coño se apretaba y me mojaba toda la cara. Cuando por fin explotó, gritando mi nombre con la voz ronca y el cuerpo temblando, no pude aguantar más: me corrí dentro de ella con un rugido, llenando su coño de leche espesa mientras el agua arrastraba los restos de nuestro placer por el desagüe.