Sexo en estacionamiento con Mandala y su polla negra
"¿Y si nos pillan?", susurré mientras Mandala me empujaba contra el capó del coche. El estacionamiento estaba vacío, pero cada ruido nos ponía los pelos de punta. Sus manos negras me agarraron las tetas grandes, apretando hasta que gemí. "Cállate, puta", gruñó mientras me bajaba las bragas mojadas. Me puse de rodillas en el asfalto frío, chupando su polla negra enorme con los tacones altos clavándose en el suelo. El sabor salado de su verga me hizo babear como una perra en celo. "Traga toda mi leche", ordenó, y sentí su polla golpear mi garganta hasta que me ahogué. Cuando me levantó, me empotró contra el coche, su polla negra entrando en mi coño apretado de una estocada. "Dios, vas a romperme", gemí, pero él solo se rio y me folló más fuerte. Cada embestida hacía que mis tetas rebotaran, y el sonido de la carne chocando resonaba en el estacionamiento. "Córrete en mi cara", le supliqué, y él obedeció, cubriéndome de semen caliente. "Ahora lávate la cara antes de que vuelva tu marido", dijo riendo mientras me dejaba tirada en el suelo.