Rubia de tetas falsas se deja empotrar en el sofá
Desde que llegó con ese culito prieto y esas tetas operadas que le rebotan sin control, todos en el edificio suspiraban al verla pasar. Hoy la muy zorra llegó a su departamento con unos shorts tan cortos que apenas le cubrían el coño, y se tiró en el sofá como si fuera suyo. Le pidió a su vecino que le diera duro, que quería sentir esa polla bien gorda metiéndosele hasta el fondo del coño mojado. El tipo no se hizo rogar: le bajó los shorts de un tirón, le abrió las piernas y se la clavó de una sola embestida que la hizo gritar como una puta en celo. Ella se arqueó de placer, con los pezones duros rozando el respaldo del sofá mientras él le chupaba las tetas falsas con avidez antes de volver a empotrarla. Entre gemidos y maldiciones, la muy caliente le suplicó que no se detuviera, que le llenara el coño de leche hasta que se corriera dentro. Él obedeció al pie de la letra: le agarró las caderas con fuerza y le dio unas embestidas tan profundas que ella sintió que la polla le llegaba al útero, haciendo que sus jugos resbalaran por las nalgas. Cuando él le ordenó que se dejara caer de rodillas, ella no dudó ni un segundo: se tragó esa verga enorme hasta la garganta, ahogándose un poco pero disfrutando el sabor salado de su pre-semen mientras le masajeaba los huevos con los dedos. El clímax fue brutal: él le explotó en la boca sin avisar, llenándole la garganta de leche espesa mientras ella se corría a chorros sobre el sofá, manchando la tela con su flujo caliente. Quedaron los dos jadeando, ella con los labios brillosos y los pechos brillantes de sudor, él con la polla aún dura y goteando restos de su corrida. La muy puta se limpió la boca con el dorso de la mano y le guiñó un ojo antes de levantarse para buscar otra ronda, porque hoy su coño no tenía suficiente.