Rubia caliente putaria se entrega a la lujuria con su jefe
Yo sabía que era un error contratar a Julia Santos, esa rubia caliente putaria que no dejaba de mirarme con esos ojos verdes mientras se mordía el labio. La oficina estaba vacía, solo el sonido de sus tacones en el pasillo me ponía duro. Cuando entró a mi despacho con ese vestido ajustado que marcaba sus pezones, supe que no iba a poder controlarme. '¿Segura que quieres esto?', le pregunté, pero ella ya estaba de rodillas, desabrochándome el pantalón con manos temblorosas. Su boca caliente envolvió mi polla de golpe, ahogándose un poco, pero sin soltarme. Gemí cuando sus uñas se clavaron en mis muslos mientras trabajaba esa garganta como una profesional. 'Eres una puta, Julia', le dije, pero ella solo sonrió y se levantó para sentarse en mi escritorio, abriendo las piernas para mostrarme lo mojada que estaba. La empotré contra los papeles, sintiendo cómo su coño apretado se tragaba cada centímetro de mi verga. 'Más fuerte, jefe', susurró, y no pude negarme. La levanté en vilo, clavándola contra la pared mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. Cuando me corrí dentro de ella, gritó mi nombre como si le doliera, pero sus caderas no pararon de moverse. 'Ahora lámelo', ordenó, empujándome de cabeza entre sus piernas aún temblorosas.