Rubia cachonda se masturba sola en el uber
La morena de pelo dorado subió al auto con las piernas temblorosas y el vestido negro pegado al culo por el calor del verano, pero lo que nadie esperaba es que llevara las bragas empapadas desde que salió de su casa. El chofer, un tipo de mirada lasciva y manos grandes, no pudo evitar echar un vistazo por el retrovisor cuando ella cruzó las piernas sin querer y el vestido se le subió hasta medio muslo, dejando al descubierto el vello rubio que asomaba entre sus muslos pálidos. Con un gemido ahogado, la rubia metió la mano bajo la falda y comenzó a sobarse el coño depilado con los dedos, frotando el clítoris hinchado mientras se mordía el labio inferior para no gritar. El chofer, con la polla ya dura como una piedra dentro del pantalón, aceleró un poco más para que el auto se moviera y las caderas de la chica se balancearan al ritmo de las curvas, haciendo que sus gemidos se hicieran más fuertes y desesperados. Cuando él frenó bruscamente en un semáforo, ella no pudo aguantar más y se corrió con un espasmo violento, mojando el asiento de líquido caliente mientras sus muslos se sacudían sin control. El chofer, al verla saciada y jadeante, no pudo resistirse y le ordenó bajarse del auto con un tono dominante, pero ella, aún temblorosa, le susurró al oído que quería que le metiera la polla hasta el fondo antes de que alguien más la viera. Las calles iluminadas por las luces de la ciudad fueron testigo de cómo la rubia se arrodilló en el asiento trasero y se la chupó con una avidez que lo dejó sin aire, mientras él le agarraba la cabeza y le empotraba la verga hasta la garganta, haciéndola atragantarse pero sin detenerse. Al final, cuando ambos quedaron exhaustos y cubiertos de sudor, ella se limpió los restos de saliva de la boca y le pidió que la llevara de vuelta a su casa, pero no sin antes prometerle que la próxima vez sería su turno de follarla bien duro en el asiento del conductor.