Rubia británica se la come hasta reventar
La rubia británica lleva días coqueteando con él por el barrio, mordisqueándose el labio cada vez que la mira con esa sonrisa de depredador. Cuando por fin se quedan solos, ella no pierde tiempo y lo empuja contra la pared del pasillo, arrancándole los pantalones con un tirón brusco mientras le susurra al oído lo mucho que le gusta su verga gruesa. Él no se queda atrás y le agarra el culo prieto con fuerza, sintiendo cómo el tanga de encaje se le clava en las nalgas mientras ella se arrodilla sin pedir permiso y se traga su polla hasta la garganta con un gemido de placer. La saliva le resbala por la comisura de los labios mientras le hace una mamada lenta y profunda, chupando la cabeza con movimientos circulares antes de bajar hasta las pelotas y lamerle el saco con la lengua áspera. Cuando él le agarra la melena rubia y le clava la polla hasta el fondo de la garganta, ella tose pero no se aparta, tragando saliva y semen espeso que le escupe en la boca sin dudar. La cosa se pone más caliente cuando él la levanta en peso y la empotra contra la mesa de centro, arrancándole el sujetador con los dientes para dejar al descubierto unos pechos firmes y pequeños que rebotan con cada embestida. Ella se agarra a sus hombros musculosos, arañándole la espalda mientras le pide que le meta la polla más duro, que le reviente el coño mojado que ya gotea sobre sus muslos. Él la voltea de golpe y la pone a cuatro patas sobre el sofá, agarrándola de las caderas y metiéndosela hasta las pelotas con un golpe seco que le hace gritar como una puta en celo. Las embestidas son brutales, el sonido de carne contra carne resuena en el salón mientras ella aprieta los muslos y se corre con un espasmo que le hace temblar las piernas, empapando la polla de jugos espesos que le caen por los muslos. Cuando él nota que se va a correr, le saca la polla y se corre en su cara, cubriéndole las mejillas y la nariz con chorros espesos que le resbalan hasta el cuello mientras ella se lame los labios con cara de satisfacción y se limpia los restos con los dedos para tragárselos después.