Rubia joven se deja empotrar en su taxi
Chloe, una bellezón de pelo rojo y tetas naturales que no podía ser más tentadora, llevaba semanas coqueteando con el taxista cada vez que subía a su auto. No eran solo miradas de esos ojos verdes que brillaban con lujuria, sino también esos suspiros que se le escapaban cuando él, con esa polla bien dura que se le marcaba bajo el pantalón, le cobraba el viaje. Esta vez no hubo cobro: solo un choque de bocas, manos que se metían bajo la falda corta y un gemido ahogado cuando la morena, sin poder resistirse, le agarró la verga por encima del pantalón y le susurró al oído que quería que la follara bien duro en el asiento trasero. Ella se quitó el tanga en dos segundos, dejando al descubierto un coño empapado que olía a sexo maduro, mientras él se bajaba el cierre y sacaba esa verga gruesa que le hizo babear de solo mirarla. Chloe se subió encima con un gruñido, cabalgando como una diablesa con las tetas rebotando al ritmo de sus embestidas, pero él la agarró de las caderas y la volteó boca abajo, empotrándola contra el cristal empañado del auto con la polla bien metida hasta el fondo. Los golpes de cadera resonaban en el coche mientras ella gritaba obscenidades, sintiendo cómo esa verga le abría el coño hasta el punto de querer llorar, hasta que los jugos le resbalaban por los muslos y le manchaban el asiento de leche caliente. Después de correrse como una loca, Chloe no se conformó: se arrodilló frente a él y se tragó cada gota de su corrida, chupando con desesperación hasta que el taxista le agarró la cabeza y se corrió de nuevo en su boca, dejándola con la cara llena de leche espesa y los labios temblando de placer. Cuando al fin salieron del auto, ella aún temblaba, con las piernas temblorosas y el coño goteando, mientras él le pasaba un billete arrugado por el morbo de la noche, pero Chloe solo se rio, le dio un beso sucio en la mejilla y le dijo que la próxima vez la follaría en la parte trasera de un camión.