Puta negra cabalgando con polla dura por detrás
Desde que la vio entrar en el bar con ese culo prieto y esas tetas pequeñas moviéndose bajo la blusa ajustada, no pudo sacársela de la cabeza ni un segundo. La mulata se acercó a su mesa con una sonrisa que lo dejó más tieso que un palo, sus labios carnosos murmurando un '¿qué miras?' que sonó a invitación más que a reproche. Sin pensarlo dos veces, la agarró de la cintura y la arrastró hasta el baño más cercano, donde el olor a sudor y deseo lo envolvió como una niebla caliente. Ella se subió al lavabo sin pudor, levantando el vestido corto para dejarle ver su conejito negro y bien depilado, con los labios brillantes de lo mojada que estaba. Él se bajó el pantalón con un tirón brusco y sacó esa verga gruesa que le colgaba pesada entre las piernas, gruñendo mientras le agarraba las caderas con fuerza para empotrarla sin piedad. La mulata gimió al sentir cómo su coño se abría de golpe, resbaladizo y estrecho, alrededor de esa polla que parecía hecha para destrozarla por dentro. El sonido de sus nalgas chocando contra su pelvis llenó el baño, mezclado con los jadeos ahogados de ella y el chapoteo húmedo de sus fluidos cada vez que la embestía hasta el fondo. Él le sujetó los muslos para hundirse más profundo, sintiendo cómo su culo prieto temblaba bajo sus manos mientras la penetraba en posición de perrito, con las tetas pequeñas pegadas al espejo empañado. Ella se corrió primero, mordiendo un trapo para no gritar, con chorros de leche brotando de su conejito y resbalando por sus muslos mientras él seguía empalándola sin compasión. Cuando él sintió que su verga se hinchaba dentro de ella, la agarró del pelo y le ordenó que se diera la vuelta, empujándola contra el lavabo para dispararle todo lo que le quedaba en la cara interna de sus muslos, dejando marcas blancas y pegajosas que brillaban bajo la luz amarillenta del baño. Ella se quedó jadeando, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido, mientras él se limpiaba el sudor de la frente con el dorso de la mano antes de subirle el vestido de nuevo y salir como si nada hubiera pasado.