Poison Boy y su roomate follan como animales tras el entrenamiento
La habitación huele a sudor y lubricante, el aire vibra con el sonido de los gemidos entrecortados mientras los cuerpos cubiertos de gotas de sudor se entrelazan en un baile salvaje. Poison Boy mira a su roomate Christian M con los ojos llenos de lujuria, el deseo acumulado durante semanas de miradas furtivas y roces casualmente íntimos finalmente explota en un arrebato de pasión. El dildo resbala entre los muslos del chico, sus dedos se clavan en la carne firme mientras Christian M arquea la espalda, sudor cayendo por sus abdominales perfectos. Las embestidas son secas, brutales, cada empujón lo acerca más al punto de no retorno. Christian M muerde la almohada para ahogar sus gritos, las nalgas prietas temblando con cada penetración profunda. Poison Boy siente cómo el calor de su cuerpo lo envuelve, la tensión en sus muslos se vuelve insoportable. El cuarto se llena del sonido de la carne golpeando contra carne, los gemidos se mezclan con el crujido del colchón bajo sus movimientos frenéticos. Las venas en los brazos de Poison Boy se marcan cuando agarra con fuerza las caderas de Christian M, llevándolo al límite. El orgasmo los golpea como un tren descarrilado, las olas de placer los dejan temblando, el corazón latiendo a mil por hora. Christian M piensa que no hay nada más perfecto que perder el control así, con alguien que conoce cada uno de sus deseos más sucios.