MILF se masturba junto a hijastro con pollón
La rubia de tetas enormes llevaba días espiando a su hijastro desde la puerta del baño con la lengua afuera, imaginando cómo sería sentir aquellos dedos gruesos hurgando entre sus pliegues mojados. Un día, sin resistirse más, se quitó el sujetador frente a él y se frotó los pezones duros contra el espejo mientras él se ahogaba con su propia saliva. Con la polla ya dura como un fierro bajo el short, ella se tiró en el sofá y separó las piernas mostrando un coño peludo que chorreaba sin pudor, invitándolo a que se acercara con un gemido gutural. Él no necesitó que se lo dijeran dos veces: se lanzó sobre su cuerpo curvilíneo, le arrancó el tanga de un tirón y enterró la cara entre sus muslos carnosos, lamiendo con avidez cada gota que brotaba de su miel caliente. Las tetas le saltaban como gelatina cada vez que él la embestía contra el respaldo, mientras ella se agarraba de sus nalgas duras y le suplicaba que la llenara hasta el fondo. La polla gruesa le abría el coño como un abanico, haciendo que su pelvis chocara contra su culo con sonidos húmedos que resonaban en toda la casa. Cuando él sintió que el orgasmo le hervía en los huevos, sacó el tronco de entre sus piernas y le disparó chorros espesos por todo el vientre, cubriéndole los pezones, la barriga y hasta la cara de semen espeso que ella se lamió con ansias. Después, exhaustos y sudados, se quedaron tirados en el piso, con su coño aún palpitante y su polla flácida descansando sobre el muslo de ella, mientras la vecina de al lado tocaba la puerta para preguntar si necesitaban algo… pero ya era demasiado tarde.