Mi hermanastra perdió el coño en un juego de cartas
El aire olía a cerveza barata y a tabaco de segunda cuando ella se quitó la blusa sin pudor, mostrando unos pechos pequeños pero bien firmes que se balanceaban al ritmo de sus pasos. Él no pudo evitar que su polla se le pusiera dura al instante, imaginando cómo sería hundirse en ese coño peludo y bien mojado que tanto le había dado vueltas en la cabeza. La apuesta era clara: una mamada a cambio de su virginidad anal, pero cuando ella le agarró el miembro con sus dedos temblorosos y se lo llevó a la boca, supo que iba a ser imposible resistirse. Le chupó la punta con una lentitud que lo volvió loco, jugando con la lengua alrededor del glande antes de tragárselo hasta la garganta sin aviso, haciendo que él soltara un gemido ronco mientras le agarraba la cabeza con fuerza. La ropa voló por los aires en segundos, dejando al descubierto un culo blanco y redondo que no pudo evitar morderle con ganas mientras la ponía a cuatro patas sobre el sofá. Ella gritó de placer mezclado con dolor cuando la embistió sin piedad, sintiendo cómo su polla se clavaba en su interior sin lubricante, pero el coño se le abrió como mantequilla al ritmo de cada empujón. La primera vez que le entró por el culo fue una tortura dulce, con sus gemidos agudos llenando la sala mientras él le agarraba las caderas para empotrarla más profundo, sintiendo cómo su carne temblaba cada vez que le daba otra estocada brutal. Cuando por fin se corrió, lo hizo a gritos, con su leche caliente brotando dentro de ella mientras le dejaba marcas en el cuello de tanto morderla, y solo entonces se dio cuenta de que había perdido la apuesta… pero ganado algo mucho mejor.