Mi hermanastra latina tiene un culo que enloquece a todos
Desde que llegó a vivir con nosotros, mi hermanastra no para de mover ese culazo redondo que tiene, y todos en la casa no pueden dejar de mirarle el trasero cuando se inclina a recoger algo o se agacha para limpiar el polvo. La muy puta sabe que su cuerpo es una tentación, y por eso siempre usa esos shorts ajustados que le marcan cada curva de su culo perfecto. Un día, mientras ella se inclinaba para guardar algo en el estante bajo de la cocina, noté cómo su tanga se le metía entre las nalgas, dejando ver ese coño mojado que pedía a gritos ser penetrado. No pude resistirme y me acerqué por detrás, rozando mi polla dura contra su culo mientras le susurraba al oído lo mucho que deseaba follármela. Ella gimió fuerte, arqueando la espalda para que mi verga rozara mejor su raja caliente, y sin pensarlo dos veces me bajé los pantalones y le arranqué el tanga con los dientes. Con un solo movimiento, la empotré contra la mesa de la cocina y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía como un guante. Cada embestida era más fuerte que la anterior, y ella no paraba de gritar como una perra en celo, pidiendo más y más duro. El sonido de sus nalgas chocar contra mi pelvis resonaba en toda la casa, y cuando ya no pude aguantar más, le solté una corrida tremenda dentro de su coño, llenándola hasta el borde. Después de eso, mi hermanastra solo me miraba con una sonrisa pícara, sabiendo que todos en la casa la deseaban tanto como yo.