Marcelo humilla al cornudo con su polla negra en el cumpleaños de su novia
La habitación estaba oscura, solo iluminada por las velas que Lindsay había colocado alrededor de la cama, creando un ambiente íntimo pero cargado de tensión. Yo, Marcelo, sabía que esta noche sería especial, no solo por el cumpleaños de mi chica, sino porque el cornudo de su novio estaba presente, observando desde un rincón como un perrito sumiso. Ella me retó con una sonrisa pícara, preguntándome si podía manejar lo que tenía planeado, y yo acepté el desafío sin dudarlo. Cuando la tomé de la cintura y la empujé contra el colchón, sentí cómo su coño ya estaba mojado, lista para recibir mi verga negra y gruesa. Empecé a chuparle los pezones con fuerza, mordisqueándolos mientras ella gemía y arqueaba la espalda, pidiendo más. El cornudo no perdía detalle, con los ojos vidriosos y la boca abierta, imaginando cómo sería sentir lo que yo le estaba dando. Deslicé mi polla entre sus labios, sintiendo cómo su boca caliente me envolvía, chupando con avidez mientras sus manos agarraban mis nalgas para empujarme más adentro. Cuando pasé a su coño, la penetré de una estocada, haciendo que gritara y se aferrara a las sábanas. Cada embestida era más profunda, más intensa, hasta que sus piernas temblaban y su cuerpo se convulsionaba con el orgasmo. El cornudo, desde su esquina, se tocaba la polla con desesperación, sabiendo que nunca podría darle a su novia lo que yo le estaba dando. Cuando me corrí dentro de ella, Lindsay gritó mi nombre y el cornudo se derrumbó en el suelo, derrotado y humillado, mientras yo me reía de su impotencia.