Marcela 69 grita mientras la empotran en posiciones salvajes
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas entreabiertas, pintando el cuarto de tonos dorados mientras la cama crujía bajo nuestros cuerpos. Sabía que mi marido podía volver en cualquier momento, pero no podía resistir la tentación de sentir esa polla dura entrando y saliendo de mi coño mojado. Marcela 69 me miraba con los ojos llenos de lujuria mientras me agarraba del culo, apretando mis nalgas como si quisiera marcarme. Cada vez que me penetraba de una estocada, mis tetas rebotaban y mis gemidos se ahogaban contra la almohada para que nadie escuchara. El riesgo de ser descubiertas solo nos excitaba más, y cuando me dio vuelta para empotrarme por atrás, sentí cómo sus dedos se clavaban en mi carne mientras me follaba sin piedad. El sonido de la puerta principal me hizo tensar, pero él no se detuvo, solo me tapó la boca con una mano mientras seguía embistiéndome con fuerza. Mis jugos chorreaban por sus pelotas, y cuando por fin se corrió dentro de mí, tuve que morder el edredón para no gritar. Ahora solo pienso en la próxima vez que podamos hacerlo, cuando él vuelva a sorprenderme y mi coño lo reciba otra vez.