Madrastra cachonda me ordeñó bien duro por la mañana
La madrastra siempre andaba con ese short ajustado que le marcaba el culo parado, pero esa mañana se le ocurrió entrar a mi habitación sin avisar y terminar arrodillada chupándome la polla bien dura. Empezó con un masaje en los huevos, luego me agarró el tronco con sus manos calientes y me la empezó a pajear despacio, mirándome con esos ojos de puta que me ponen a mil. Cuando ya estaba bien empalmado, se subió encima de mí y me montó a horcajadas, restregando su coño mojado contra mi verga mientras gemía fuerte. Le agarré las tetas caídas y se las apreté mientras ella se movía cada vez más rápido, hasta que me corrió toda la leche en su vientre plano. La madrastra se bajó y se arrodilló otra vez, esta vez para chuparme los restos de semen que me quedaban en la punta del pene, tragándose cada gota como una experta. Después se limpió la boca con el dorso de la mano y me sonrió con esa mirada de dominación que me vuelve loco. La madrastra es una puta insaciable que siempre quiere más, y esa mañana no fue la excepción. Terminé con la polla bien roja y el cuerpo agotado, pero con ganas de repetir cada vez que ella quiera.