Lujuriosa esposa chupa pis de su amo hasta empapar coño
La esposa sumisa ya llevaba días aguantando las ganas de mear mientras su amo la miraba con esa sonrisa de superioridad, sabiendo que hoy por fin le daría el gusto de humillarla como tanto anhelaba. Él se bajó el pantalón con calma, dejando al descubierto esa polla gruesa que le encantaba verla chupar hasta ahogarse en babas espesas, mientras sus tetas enormes se balanceaban al ritmo de sus movimientos. Con un gesto brusco, le agarró la cabeza y le metió la verga hasta la garganta sin avisar, obligándola a tragar saliva antes de que el primer chorro de orina le quemara los labios. Ella gimió con los ojos llorosos, sintiendo cómo el líquido caliente le resbalaba por la barbilla y se le escurría entre los pechos sudorosos, pero no se atrevió a apartarse, solo obedeció como la puta sumisa que era. El amo le empujó la cara contra su entrepierna mojada, obligándola a lamerle el glande empapado en pis mientras sus dedos le apretaban los muslos carnosos, marcándole la piel con uñas que le sacaban pequeños jadeos ahogados. Cuando por fin le ordenó que se agachara y le metiera el coño en el charco de orina que había formado en el suelo, ella no pudo evitar gemir al sentir el ardor en su raja bien abierta, pero el amo le dio una palmada en el culo gordo que la hizo brincar mientras le repetía que era su esclava y que solo serviría para esto. Él la empotró desde atrás con fuerza, haciendo que el charco de pis salpicara por todas partes mientras sus embestidas le sacaban chorros de fluidos por todos lados, mezclando el olor a sexo con el amargo de la orina que le resbalaba por las piernas. Cada vez que él se corría dentro de su coño sin protección, ella sentía cómo la leche espesa se mezclaba con el pis que aún goteaba de su interior, dejándola completamente empapada y con las nalgas pegajosas al levantarse. Al final, exhausta y con la cara cubierta de babas y pis, el amo la obligó a tragarse los últimos restos del líquido caliente que le quedaba en la boca, mientras le susurraba que mañana repetirían la lección hasta convertirla en la mejor putita de pis que jamás había tenido.