La nuera gujarati se deja empotrar con los dedos
La nuera gujarati llevaba días rogando con miraditas húmedas y susurros en hindi que no entendía, pero el calor de su aliento entre sus piernas ya me tenía loco. Con un tirón de su sari bordado la dejé caer sobre el lecho recién hecho, sus caderas temblando al sentir mi polla rozando su coño chorreante que ya goteaba por el deseo. Le arranqué el sujetador de satén y sus tetas pequeñas, duras y morenas se sacudieron al aire, los pezones duros como piedras que no podía dejar de morder mientras mis dedos se enredaban en su pelo negro azabache. Introduje dos dedos en su raja empapada y la nuera gimió con esa voz ronca que solo sale cuando te parten el alma de placer, su coño tragándose mis dedos con avidez mientras su clítoris hinchado pedía más. La giré contra el colchón nuevo y le levanté el culo redondo, empalándola contra el cabezal de madera que crujió bajo su peso, sus piernas flaqueando mientras la embestía con fuerza desde atrás. Sentí cómo su coño se contraía en oleadas alrededor de mis dedos, empapándome la mano de su leche espesa mientras gritaba mi nombre en hindi, el cuerpo convulsionando como si la electricidad le recorriera cada músculo. No podía parar, sus jugos resbalando por mis dedos hasta el suelo, dejándome la mano brillante y pegajosa mientras la seguía penetrando con los dedos, esta vez más lento, alargando su orgasmo hasta que sus piernas se rindieron y se dejó caer contra el colchón, jadeando y con los muslos temblando de tanto correrse.