La empleada peruana recibe leche caliente en la cama
La empleada nueva ya llevaba días coqueteando con miradas llenas de morbo mientras doblaba la ropa a su jefe, ese tipo alto y mandón que no paraba de mirarle el culo prieto cada vez que pasaba por su lado. Él no pudo aguantar más y la empujó contra la pared del pasillo, le arrancó el delantal y le metió los dedos en el coño empapado mientras le susurraba al oído que le iba a reventar el coño sin piedad. Ella gimió fuerte, le agarró la polla dura como una piedra y se la llevó a la boca para chupársela bien hasta que él la levantó en peso y la tiró sobre la cama con un golpe seco. En cuatro patas, con el culo bien alto y la cara hundida en las sábanas, sintió cómo él le metía la verga hasta el fondo sin avisar, empotrándola con embestidas tan profundas que le hacían chillar de placer cada vez que le golpeaba el clítoris. El jefe le agarró las tetas desde atrás mientras le gruñía que era una puta buena para aguantar tanto grueso, y ella solo atinaba a mover el culo más rápido para que se corriera dentro cuanto antes. Cuando sintió la leche caliente llenándole el coño hasta rebosar, gritó su nombre con voz ronca y se dejó caer sobre la cama, exhausta pero satisfecha, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche espesa que le resbalaba por los muslos. Él se quedó apoyado sobre su espalda sudorosa, jadeando y maldiciendo en voz baja mientras le acariciaba el pelo antes de darle un cachete en el culo que hizo eco en toda la casa.