La empleada india muestra su coño mágico al jefe
La nueva asistente del jefe llegó con un vestido ajustado que no dejaba nada a la imaginación, pero fueron sus miradas las que le quemaron la sangre desde el primer día. Con su culito prieto y esos pechos naturales que se le marcaban al caminar, cada vez que se agachaba a recoger un papel él no podía evitar imaginársela con la polla bien dura clavándosela por detrás. Hoy no aguantó más y la llamó a su oficina con el pretexto de revisar unos papeles, pero en cuanto cerró la puerta ella ya sabía lo que quería. Con una sonrisa pícara se quitó el tanga de encaje negro y se sentó en el borde del escritorio, abriendo bien las piernas para que él viera cómo su coño empapado brillaba bajo la luz de la lámpara. El jefe no se hizo de rogar: se bajó los pantalones de un tirón y su verga enorme apareció palpitando, lista para reventarle el coño a esa putita india que gemía como si llevara años esperándolo. Ella se lamió los labios mientras él se acercaba, luego se dejó caer de rodillas y le chupó la cabeza de la polla con esos labios carnosos que prometían lo que su coño ya demostraba: ser una experta en mamadas. Entre jadeos y ahogos, él la levantó en peso y la empotró contra la pared, sintiendo cómo su culo prieto se abría para recibir cada embestida profunda que le hacía gritar su nombre. La oficina se llenó de los sonidos húmedos de carne chocando contra carne mientras ella se corría una y otra vez, empapándole toda la polla de leche cremosa que le resbalaba por los muslos. Cuando por fin él se descargó dentro de su coño apretado, ella se quedó allí, temblando, con la cara roja y los pezones duros como piedras, sabiendo que esta no sería la última vez que su jefe se aprovechara de su magia pélvica.